Buenos días, Vietnam … y hasta pronto, sureste asiático

Igual que con el post sobre Camboya, voy a empezar con una importante referencia geográfica. Si se acuerdan, “descubrí” que Indochina en efecto existió, cierto? Bueno, aquí me crucé con el nombre “Cochinchina”!  No me acuerdo cuántas veces de niño habré oído frases del tipo “…se fue a la Cochinchina”, como quien se refiere a un lugar lejanísimo, que nadie sabe en realidad donde queda. Bueno, resultó ser que Cochinchina era el nombre de la colonia francesa en esta parte del continente (que por cierto pasó luego a ser parte de Indochina). La sección de “perdido y encontrado” de por acá debe ser inmensa, de solo pensar en la cantidad de cosas y personas que “estaban en la Cochinchina” durante mi infancia.

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– Mami, aquí está! –

HO CHI MINH CITY (alias HCMC), ANTES SAIGON

Empezamos el viaje con Saigón, antigua capital de Vietnam del Sur (y aun la ciudad más grande del país). En comparación con los otros países del sureste asiático por los que pasamos antes, aquí notamos rápidamente que la gente se ve un poco más “china” y que el idioma también suena más a “chino” (para lo que, en nuestra humilde y estereotipada percepción occidental, se ve y suena como chino… las disculpas del caso). Se ajustó bastante bien a lo que esperábamos… mucho tráfico, motonetas, smog y caos en las ciudades, mucho verde, arroz y sombreros en forma de cono en los campos.  Bueno, muchos sombreros en forma de cono en las ciudades también. Y cerveza barata.

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–  Muy buenos para dar sombra, los sombreritos, toca admitir …-

HCMC resultó ser bastante vibrante y llena de actividad (léase caótica), pero encontramos también muchas zonas simpáticas para caminar (o será que los recuerdos de Delhi están aún tan frescos que cualquier área puede ahora parecer simpática para caminar?). Encontramos mucho café cremoso-chocolatoso (lo tuestan con mantequilla), una moneda -el Dong- bastante confusa, con muchos ceros y billetes tan parecidos entre sí que seguramente harán que te equivoques -y pierdas bastante plata en el proceso-. Encontramos buena comida y, lamentablemente una constante por estos lares, más terribles historias de guerra.

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–  vamos, no pudieron hacerlos un poquito más diferentes? –

Un lugar triste, pero en mi humilde opinión de obligada visita es el “Museo de los Remanentes de Guerra”, donde te cuentan la historia de la guerra de una manera bastante gráfica, -y de paso un tanto unilateral (léase anti-USA)-. Uno puede llegar a concluir fácilmente que la gente de Vietnam más que fijo no siente el más grande de los amores por los amigos norteamericanos.  Sin embargo, conocimos a una “reclutadora de estudiantes”, bien gringa ella, que viaja bastante a Vietnam. Le pregunté al respecto (como quien dice, “quieren los estudiantes vietnamitas realmente ir a estudiar a USA?”) y me dijo que todo eso ya estaba en el pasado y que ahora la gente de aquí “aaaaaama a los Estados Unidos con pasión y locura”). Será por Trump y su amor por los inmigrantes, me imagino.

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– clara línea editorial de todos los textos de la exhibición… –

Ah, también visitamos los túneles de Củ Chi … una red de pasajes y cuartos subterráneos donde operaba el Viet Cong. Impresionante, lo que hicieron por acá. Por cierto, confesaré que terminé un poco confundido con los detalles de la guerra… Sur versus Norte, versus USA versus algunos aliados, cambios de bando de cuando en vez, Camboya recibiendo bombas, como diría mi papa, “sin saber leer ni escribir” (o sea sin tener nada que hacer en el conflicto). Bueno, honestamente no me interesa mucho entender a detalle lo que pasó, siempre que los pequeñines de ahora crezcan entendiendo que la guerra no es la manera.  Si yo fuera concursante de certamen de belleza, más que fijo respondería “paz mundial”.

Aquí algunas foticos…

 

HOI AN

Cada país tiene su Hoi An… esa ciudad pequeña, relajada, pintoresca, generalmente imán para mochileros, donde no hay mucho que hacer y la vida pasa más lento que en otros sitios. Si caes por alguno de estos lugares, quédate más tiempo del programado… no te vas a arrepentir.  Nosotros tuvimos Ubud en Indonesia, Pushkar en India, Kampot en Camboya… incluiría también a Melaka en Malasia y, forzando un poco los parámetros, Nimbin en Australia y Queenstown en Nueva Zelanda. Bueno, en Nimbin no hace falta que te quedes mucho tiempo… está llena de Nimbos, recuerdas? 

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– Hoi An y sus lámparas –

Hoi An, si bien un poco muy turística, ha sido uno de nuestros lugares favoritos hasta ahora. Famosa por sus lámparas que inundan cada esquina de sus coloridas calles y cada pared de sus edificios. Famosa por buen café, por ropa hecha a la medida, por bolsos de imitación y por los infames estampados de plátanos, que al parecer han reemplazado al universal estampado de elefantitos de la India y Camboya, como rey de la moda de “póntela aquí pese a que en casa no habría manera de que te la pongas”.

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– Banana-manía –

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Aquí también fuimos a … – qué creen? – … clases de cocina! (sorprendidos?). … navegamos en un botecito en forma de cáscara de coco y probamos algunas técnicas de pesca local.  Ah, y tuvimos nuestra primera experiencia en un hospital asiático (por la tos implacable que le vino a Sandra desde Camboya). Nos dieron trato especial en su sección internacional, donde hasta la farmacista -medicina en mano- y la cajera -terminal portátil en mano- subieron a la oficina del doc en el tercer piso para atendernos en privado.  Creo que no querían que nos “mezclemos” con los locales (o que nos enteremos de cuánto es que ellos pagan por los mismos servicios).

Compensamos el caro hospital con cerveza super barata, siendo el récord actual de 5000 Dong por vaso (o sea como unos 17 centavos de Euro).

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– Y así es como se hace 🙂 –

Disfrutamos de nuestros días en Hoi An. Alquilamos un mini-depa con cocina (vaya que extrañamos cocinar nuestra propia comida), nos inscribimos en un gym local por la semana, bicicleteamos por la ciudad y nos intentamos autoconvencer de que no hacer mucho también estaba bien. A veces vale cambiar la experiencia de “inmersión total” por una de “conocer un poco nomás”.

HANOI Y LA BAHIA DE HA LONG

Luego vino la capital, Hanoi, aunque nuestra estadía fue breve y básicamente sirvió como base para ir a la bahía de Ha Long, patrimonio Mundial de la UNESCO número 583948437282940483 en nuestra lista (lo siento, perdimos la cuenta hace bastante).

Más que fijo y alguna vez han visto ya Ha Long, aunque sea en una película o documental… miles de islotes y peñascos de piedra caliza que salen del mar en un paisaje que parece una de esas pinturas mate que usan como fondo en las películas, diseñadas expresamente para impresionar.

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– De película…  –

Tomamos un crucero de 3 días y dos noches, en un barco que había definitivamente dejado atrás sus años mejores (seguramente diseñado también para impresionar, solo que hace varias décadas), pero compensado por un simpático y hábil guía, que manejó una agenda llena de despertares al alba y actividades. El clímax vino con la escalada en roca entre monos salvajes, en sandalias (nosotros, no los monos). Ya me imagino la cantidad de demandas legales que tendría este tipo de compañías, en otra parte del mundo, mandando a la gente a este tipo de “caminatas” (que así es como nos vendieron el asunto).  Vimos a al menos dos sujetos que terminaron con mordida de mono, y al día siguiente pues a buscar vacunas antirrábicas en una islita que con las justas tendría posta médica. Estos simpáticos monitos se pueden poner bastante territoriales y agresivos, más aún si una incauta alemana trata de darles comidita y acariciarlos y luego esconder el resto de la comida. A ver dime. En un momento, Sandra tenía, dos metros al frente, a uno de los monos gruñones y, medio metro atrás, se empezó a asomar una rata de monte, tamaño gato. No fue gracioso. Bueno, tal vez un poquito. Hubo risas, ahora que lo pienso (pero no de Sandra).

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–  Porque yo, amo el peligro (y porque no teníamos otra opción). Crédito fotográfico de la amiga Amandine) –

Gran responsable del buen par de días que tuvimos fue el grupo que éramos a bordo, incluyendo una valiente francesa que viene mochileando sola y ya se hizo todos los países que terminan en “…istán”, un compatriota peruano (más precisamente de Arequipa, imagínense) y una simpática familia británica con papá cool-parezco-más-joven-de-lo-que-soy, hija relajada e hijo adicto al rap. El papá se mantuvo cool hasta que llegaron los monos mordelones. La segunda noche, que la pasamos en una islita (ya no a bordo) fuimos por tragos a un bar con la “happy hour” más larga que conozco. Bastantes cervezas y globos de gas de la risa pasaron esa noche por la mesa.

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– Dos peruchos y una francesa –

Unas cuantas fotos…

 

CORTO PERO PRODUCTIVO

Como pueden ver, el paso por Vietnam fue más corto y con menos escalas. Nos saltamos algunos de los destinos “super recomendados”, pero igual pudimos ver bastante de Vietnam y de su gente. Los vimos disfrutando de sus huevos de pato fertilizados, con embrión y todo. Los vimos abriendo las bolsas de papitas a lo largo (que me pareció genial, por cierto). Vimos muchas parejas mixtas, o sea con hombre foráneo y mujer -considerablemente más joven- local. Nunca a la inversa. No me queda claro si son parejas de largo aliento o más bien flores de un día, pero no soy quien para juzgar. Vimos muchos carteles prohibiendo la prostitución en los alojamientos, así que asumo que aquí es un tema más serio que el promedio.

Y un consejo para todos, si alguna vez les haces una pregunta y te responden con “no”, no trates de confirmar que entendiste, repitiendo/preguntando: “no?”, porque ahí responderán “si!”. No están cambiando su respuesta inicial, están confirmando que “sí, la respuesta fue no”. Puede ser confuso las primeras veces.

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– colorido Vietnam-

HASTA PRONTO, SURESTE ASIATICO

Luego de Vietnam, el plan era Tailandia. Pero los planes cambian, como todo gerente de proyectos confirmará. Fuimos a Chiang Mai (en el norte de Tailandia) por 10 días, pero decidimos dejar el resto de Tailandia para otra vez. Ni siquiera compramos imán para la refri o banderitas para nuestras maletas. No nos lo ganamos. Las baterías andaban medio bajetonas … han pasado más de 10 meses y, tal como había leído en algún lugar, estábamos últimamente pasando más tiempo en nuestros cuartos o en los lobbies que afuera explorando… regresando a restaurantes ya probados y aprobados en lugar de descubrir nuevas opciones.

Queríamos cerrar la aventura de un año, así como dicen, con broche de oro, así es que decidimos que era buen momento para moverse. Cada país que visitamos en esta parte del mundo tiene su propia personalidad, por supuesto, pero tampoco son taaaaaaaan radicalmente diferentes uno del otro. Además, para nosotros sudamericanos esta realidad es bastante familiar. “Parecido pero diferente” como dicen por acá. Listos para un cambio de aires entonces… así que a elegir un destino un poco más “diferente”, para ir terminando el viaje.

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– gracias por los muchos vuelos, Air Asia –

Pero no tan rápido…   en Chiang Mai tuvimos unos buenos días de relax y reflexión (e hicimos algo de Muay Thai, que eso no me lo iba a perder). Fuimos al cine y nos vimos sorprendidos por la imagen de su alteza el rey, tan grande como la pantalla lo permitía, y todo el público presente poniéndose de pie para cantar el himno, antes de que comenzara la película. Bien paraditos también Sandra y yo, por supuesto.

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– recordando los buenos tiempos –

Lavamos nuestras mochilas (funda para lluvia incluida) y remendamos medias. Así de relajado estuvo… y tuvimos nuestra segunda visita a un hospital (la terca tos de Sandra). “Tengo algo de amoxicilina”, le dije al doctor … “oh, eso no es bueno”, dijo él …y procedió a prescribir algo para Sandra. Más tarde chequeé bien qué es lo que era. Pues amoxicilina.

– el tipo de cosas con que uno se entretiene en Chiang Mai –

Y antes de pasar la página, unas cuantas reflexiones filosóficas, sueltas y sin un orden en particular. Algunas las tenía ya escritas desde antes, pero no encajaron en ningún post previo…y como preveo que no quedan muchos posts por escribir, pues aquí van.   Disculpando la falta de ilación.

  • Es gracioso darse cuenta de las cosas tan simples que uno normalmente toma por sentadas y que ahora se aprecia tanto. Como tener más de un enchufe en el cuarto (punto extra si lo que enchufas encaja ajustadito). Como tener un espacio en la vida para colgar tu ropa húmeda. Como tener un baño en el que NO PUEDES ducharte, ocuparte y usar el lavabo, todo sin moverte del sitio.

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– tener repisas o cajones ahora es oficialmente considerado un lujo –
  • También, hay algunas cosas que uno empieza a ver con mayor desaprobación que antes, como por ejemplo gente dejando comida en sus platos. Cómo pueden?! Debemos confesar que, más de una vez, hemos tomado comida que otros dejaron en sus mesas. Algunas veces pidiendo educadamente, otras esperando a que nadie estuviese viendo. Solo cosas enteras, sin marcas de dientes, mami, todo bien.

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– mmm … disculpe señor,  va a dejar todo ese jugoso arroz con mango? –
  • Se ha vuelto tan “promedio” esto de estar viajando por un año. Nos hemos cruzado con tanta gente que no tiene una respuesta para la pregunta “donde vives?”. Nosotros decimos “un año” y más veces de las que imaginas la respuesta no es un “wow” sino un “oh, nosotros empezamos con esa misma idea, hace 3 años”.
  • También hemos visto y conocido a muchos viajeros “mayorcitos” (así como nosotros y más). Algunos, sin embargo, como que no encajan tan bien como otros. Como que tratan con mucho esmero de parecer más jóvenes. Pelo teñido, polo de Metallica, un brazalete hippie más de la cuenta, actitud forzada de “que cool soy” y encima, según Sandra, “no llenan la camiseta”. Pregúntenle a ella lo que significa. A veces temo que nosotros tampoco encajemos ya del todo bien en esta movida mochilera, así que por suerte hemos hecho el viaje ahora y no más adelante (eso sí, para el récord, creo que todavía la pasaría más que bien en la fiesta de la luna llena que nos perdimos por no recorrer Tailandia).

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– todavía podemos patear un par de … almohadillas –
  • Quieres saber qué tanto ha estado viajando un mochilero? Mírale las zapatillas. Nos da una envidia cuando vemos a viajeros con las zapatillas impecables, intactas, nuevecitas. Nuestras suelas ya están llegando a nivel de transparentes, y no es porque sean Nike Air, precisamente.
  • No era realmente un secreto, pero ahora es oficial. Una recomendación en las guías de Lonely Planet te garantiza un 95% de clientela occidental, así como más tumulto y precios más altos. Hemos empezado a cuestionar la imparcialidad de algunas de esas recomendaciones, pero lo dejare allí. En todo caso, muchas veces las recomendaciones fueron muy bien recibidas, como cuando necesitábamos algo reconfortante como un “usamos agua limpia” escrito en la tapa del menú (si India, estoy hablando de ti).

 

  • Me tomó un buen tiempo, pero aprendí a ponerle una actitud diferente al tema de los precios, básicamente aceptando que con uno harán más plata que con los locales. Sigue la corriente nomás, regatea, haz una oferta y si el precio sigue sin tener sentido solo di que no y sigue tu camino. Me ahorró bastantes colerones.

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– “y… por ese precio los cangrejitos vienen con un poco de oro o qué?”-

Ok, suficiente.

Y bien… así como así, habiendo tocado suelo Tailandés solo en Chiang Mai, dejamos el sureste asiático… tierra de palmeras y cocos frescos … de elefantes, monos, tigres y dragones …y perros callejeros…de coloridas religiones, dioses, rituales y ofrendas… de templos de todos los tamaños, materiales y estilos…y de olor a incienso …de campos de arroz, morning glory y jengibre… de occidentales paseando con abultadas mochilas… de molestosos mosquitos y polvorientos mosquiteros… de barrios chinos, mercados nocturnos y comida callejera de colores radioactivos… de durianes, piñas, jacas y frutas deshidratadas vendidas como souvenir… de jaladores, choferes de mototaxi (cada país con su modelo particular) y uno que otro aprendiz de estafador… de un millón de motonetas y gasolina vendida al pie de la pista en botellas de licor… de lindas playas -algunas más prístinas que otras- y pintorescos botes pesqueros… de smog y mascarillas para respirar…de gente con fuertes lazos familiares, grandes sonrisas y amor por la comida… a quienes cuesta decir que no…a quienes no les gusta el conflicto… que dan y reciben con ambas manos o tocándose el codo… que juntan las manos en posición de rezo para decirte bienvenido, hola, hasta luego, gracias o simplemente “namaste”.

Namaste, sureste asiático.

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– Namaste para ti también, Ronald –

Tokio-Japón, 5 de mayo de 2018

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2 thoughts on “Buenos días, Vietnam … y hasta pronto, sureste asiático

  1. Lita Vassallo de Aita says:

    Realmente he disfrutado cada lugar, cada anécdota pero esta vez como ninguna me he reído muchísimo, voy a extrañar muchísimo cuando su viaje termine. Espero el siguiente capítulo.

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