Malasia, nos sorprendiste…

Si vieran las primeras versiones de nuestra ruta tentativa para este viaje (en otras palabras, mi súper elaborada hoja de Excel con costos promedio por país, clima según mes, etc, etc.) Malasia ni aparecía. Lo siento Ken*, pero es verdad). (*Amigo malasio).

Después de Indonesia y Singapur, la idea era ir más abajo, con dirección a Australia y sus vecinos. Pero caímos en que el clima por esas latitudes aun estaría un poco frío… hacía falta entretenerse por un mes, como quien hacía tiempo. No nos queríamos ir muy al norte, porque eso nos alejaría de Australia (léase: vuelos más caros). Filipinas era una opción, pero la temporada de tifones se nos venía encima. Malasia resultaba ser la opción más lógica… cerca de Singapur y con vuelos relativamente baratos hacia Australia. Investigamos un poco y se veía prometedor. No se diga más.

Acto seguido, el resumen de más de un mes, en un solo post… así que disculpen pero será larguillo… vale saltearse líneas.

Malasia o China?

Zuzana, nuestra anfitriona de Airbnb en Yogyakarta, nos había dicho que el Islam era más fuerte en Malasia. Al menos en nuestra experiencia no fue así. La presencia de la comunidad china fue SUPER fuerte en casi todas las ciudades que visitamos (tal vez con excepción de la costa este). Oficialmente, “solo” el 23% de la población es de origen chino, pero pareciera que se quedan cortos con el cálculo. Me imagino que esa sensación es en parte por el rol tan activo que juegan en la economía…y porque los barrios chinos (Chinatown) son visita obligada en casi todas las ciudades.

A lo que iba es que una gran comunidad china significa mucho Budismo, Taoísmo, Confucianismo (y seguramente algún otro “ismo”). Esto se traduce en menos burkas por las calles. Claro que se ve burkas, pero combinadas con una buena dosis de pantalonetas de yoga y tacones. Muchísimas mujeres mostrando el pelo, varias mostrando 4/5tos de pierna y no pocas el ombligo. También vimos muchas más parejas “mixtas” que en Indonesia. Sandra se sentía totalmente cómoda caminando en shorts o mostrando los hombros. De paso, se podía conseguir alcohol a precios decentes en todo sitio. No es que eso último sea importante para mí (ejm…) … solo estoy enunciando los hechos para usted, la gentil lectoría 😊.

 

Melaka_IMG_0420

 – estricto control de acceso al templo chino –

Subiendo los estándares de la región:

Hasta entonces solo habíamos visitado Indonesia y Singapur… , si imaginamos una escala de modernidad (percibida por mí) donde Indonesia es 1 y Singapur es 100, yo a Malasia -a Kuala Lumpur en especial- le daría un cómodo 60 (Sandra se despertó un poco menos generosa hoy y solo le da 50).

Prácticamente todos hablan inglés, las ciudades son caminables, hay transporte público decente y en general se percibe una sociedad más abierta y sofisticada (que Indonesia). Se ve menos pobreza en las calles. Como confirmó mi amiga Aida, el PBI per cápita es casi 4 veces el de Indonesia (al tope de la lista en la región, después de Singapur y Brunei), así que tiene sentido.

Las clásicas filosofadas y experiencias varias:

  • Pensaba el otro día, sobre esta nueva realidad nuestra. Cada nuevo día nos bombardea la cabeza con nuevos estímulos…. Cada semana -a veces cada día- tenemos que pasear por nuevos supermercados, buscar entre nuevos productos, nueva comida, aprender de nuevas formas de transporte, nuevas calles y lugares… es tan diferente a cuando, en casa, vamos en piloto automático al supermarket del frente y antes de darnos cuenta ya estamos de vuelta con las bolsas llenas -de los productos de siempre-.  Estoy convencido de que esto es mejor que hacer crucigramas y jugar Sudoku.  Básicamente nos estamos haciendo más inteligentes cada día, ven? 🙂
  • Los malasios AMAN las pantallas verdes. En cada atracción encontrarás una (o varias), ahí esperándote junto a la entrada. Justo antes de ver la verdadera atracción, JUA, te toman una foto con verde de fondo… y al salir te la tratan de vender, con el fondo añadido de la atracción que acabas de ver en vivo y en directo -y a la que seguro le tomaste muchas fotos-. En casi todos los casos ya la habrán impreso, como para convencerte de comprarla.  Los márgenes deben ser de locos, para cubrir el costo de los miles de fotos que imprimen y nunca venden.
  • Yo creo que fuimos participes de un Récord de Guinness. En nuestro vuelo de Langkawi a Penang (sigan leyendo si están pensando “qué chanfles de lugares serán esos”) el pago para mandar equipaje por bodega incluía el derecho a una comida caliente. Pero resulta que el vuelo duraba menos de 20 minutos!  Al minuto 5, aun ascendiendo, las azafatas empezaron a repartir las comidas. Al minuto 16, ya bajando, yo recién estaba terminando de comer. Sandra terminó ya camino al terminal, luego de aterrizar.  Nadie dijo nada por no tener la mesita “en su posición vertical”. Nunca antes visto.

HotMeal_Penang_IMG_3419

– esa no es la hora, es mi cronómetro con el tiempo de vuelo –
  • No se nota una muy fuerte personalidad de Malasia como “una sociedad”. Imagino que ello se debe a la mezcla de influencias china e india, más los estragos de haber estado bajo el dominio de los portugueses, luego los holandeses, luego los británicos, luego los japoneses, luego los británicos de vuelta. Y claro, la herencia local malaya. Y cada grupo tiene su propia identidad bastante marcada. En términos químicos (recordando las clases de “Chemie” en el gran Humboldt Schule), parece más una Mischung (mezcla), que una real Verbindung (compuesto) (mi profe Herr Abele estaría orgulloso).

Ahora sí, resumen, anécdotas y fotos de los lugares visitados:

Las Islas

Empezamos esta aventura malasia con Langkawi (una isla libre de impuestos bien al norte, casi junto a Tailandia). Luego bajamos a Penang (isla mucho más importante, con su ciudad principal Georgetown) y finalmente cruzamos a la cosa este, para visitar las pequeñitas islas Perhentian (probablemente el destino “paradisiaco” número uno en Malasia).

En Langkawi:

  • Duty free” significaba cervezas de 50 centavos y chocolates europeos de 1 Euro. Veías a los turistas comprando todo de a por docena. Los turistas chinos de a por gruesa (eso era una docena de docenas no? …ya no me acuerdo bien).
  • Playas bonitas, pero el mar no tan espectacular. Tuvimos un par de días con lluvia fuerte, lo que no ayudó. Igual, fuimos a un funicular bien bien empinado y en la cima a un puente suspendido bien bien alto. Estuvo bueno, vean las fotos.

Un día, caminando por la playa, nos encontramos con Aida, mi amiga bosnio-alemana del master en Madrid, que ahora vive en Kuala Lumpur. Es la tercera vez que nos encontramos de casualidad, en diferentes ciudades, en diferentes años. Cuan probable puede ser eso?

  • Alquilamos un jet-sky (moto de agua). Lo mejor vino luego de cambiar posiciones, para que Sandra también manejase, y lo primero que preguntó fue “cuál es el freno?”.  El freno. En un jet-sky. La adrenalina empezó a fluir.

Langkawi_GOPR1657

– esto no es un simulacro –
  • Ah… una noche en el albergue de mochileros, mientras jugábamos UNO, sentí algo en mi pie. Era una pequeña serpiente. Escapando de la lluvia, asumo. La noche siguiente, en un restaurante, Sandra sintió algo en la cabeza. Una lagartija le había hecho caquita encima (no me gusta decir “@a@a”). Esa fue nuestra bienvenida a la fauna malasia.

 

En Penang:

Nos encantó. Un paraíso de la comida callejera -y del arte callejero también, por cierto- .  Aquí confirmamos que los malasios tienen una obsesión por la comida. Y que solo te dan tenedor y cuchara. Ni medio cuchillo. Ni servilletas. Casi todos los “top 5 lugares” para probar cada uno de los platos “que no te puedes perder” no son un restaurant sino un quiosco o carretilla. Incluso hay un museo de la comida callejera. En mi primera experiencia en uno de esos mercados nocturnos, yo estaba en estado de “wow”! Sandra solo dijo “si comes esto todos los días, morirás pronto”. Yo lo probé todo. Y pagué luego las consecuencias.  Lo dejo ahí.

Penang_IMG_3422

    – Este plato no será real, pero es una buena representación de la cantidad de comida que pasó por mi tenedor (y mi cuchara) esos días. –
  • Hablando de comida…. Ha surgido un nuevo enemigo mortal… y parece que ha llegado para quedarse. El MSG!!! Más conocido como glutamato monosódico o -en Perú al menos- Ajinomoto. Sandra ahora no solo especifica que es alérgica a los mariscos, cuando pide algo… ahora también es alérgica al glutamato.

 

En las islas Perhentian:

  • Las mejores playas y el mejor mar que he visto en mi vida. Varadero y Turks & Caicos estaban en el tope de mi lista, pero creo que ya no más. Nadabas en un mar de aguamarinas derretidas por aquí, turquesas derretidas por allá, esmeraldas derretidas por acullá. De locos.
– para que se hagan una idea, nada más –

 

  • Estas islas aun no están tan manoseadas (aunque no creo que eso dure mucho). No hay pistas ni vehículos, pero sí las anclas de muchos bote-taxis alineadas en la orilla (le di a un par con los dedos del pie al caminar… duele!)… poca internet y electricidad, solo unos cuantos sitios para comer y un par de bares, y un ambiente de lo más simpático tras el sunset, con shows de fuego por toda la playa. Nos encantó. Vayan antes de que se convierta en el nuevo Gili Trawangan (si no saben qué es eso, lean esto).
  • Ah, para mí estos días tambien fueron de depuración. Seguía pagando las consecuencias de la comilona de Penang, con síntomas que me hicieron pensar que, tanto que me burlaba yo de Sandra por los zancudos, y mí me había dado Dengue.

 

La tierra firme:

De las Perhentian, cruzamos de regreso a la costa oeste, pasando por el pequeño poblado de Tanah Rata en las Cameron Highlands (tierras famosas por sus plantaciones de té). De ahí tomamos un bus al sur hasta Melaka y finalmente retrocedimos un poco -fue inevitable- hacia Kuala Lumpur, donde mi amiga Aida (lean el párrafo de Langkawi) nos hospedó y generosamente dejó usar su departamento incluso mientras ella paseaba de vacaciones por Mongolia. Lo máximo de mujer. Hasta tuvimos una clase de kickboxing con su entrenador personal.

En las Cameron Highlands:

  • Pintoresca región, arriba en las montañas, con un clima mucho más fresco y una arquitectura que por ratos hacía pensar en un pueblecillo francés en los Alpes (solo por ratos, tampoco tampoco).  Unos cultivos de té impresionantes, algunos cultivos de fresas no tan impresionantes y un bosque “musgoso” medianamente impresionante. Terminamos el día con una buena “fondue” china. “Barco a vapor”, le dicen.  Muy bueno. Fue un corto pero buen escape del calor y de la costa.

 

En Melaka:

  • De vuelta a los barrios chinos y los mercados de comida callejera, con una buena dosis de huella europea en el centro, todos sus edificios uniformemente pintados de un especial tono de rojo.

 

Melaka_IMG_3750

– rojo sangre, le llaman ellos… un poco pastel para ser sangre, según yo –
  • Mientras coordinábamos un tour en bicicleta a la mezquita flotante, conocimos a Julia y Nacho, una pareja de argentinos que ya anMelaka_IMG_0543dan de paseo por más de año y medio.  La siguiente noche hicimos una parrillada latina en el techo del hostal donde ellos estaban trabajando. Se nos unió una pareja de chilenos – que acababa de llegar para también trabajar en el hostal -, un ciclista holandés – que también trabajaba allí -, una chiquilla española que recién empezaba su aventura en solitario y que – qué creen? – también estaba trabajando allí, y un par más.  Súper divertida, la noche. De paso, llegué a la conclusión de que en ese hostal había más trabajadores que huéspedes.

 

  • Julia y Nacho nos contaron de su experiencia trabajando en una fábrica de Kiwis en Nueva Zelanda, encajando kiwi tras kiwi tras kiwi, cual Charles Chaplin en la fábrica. Ahora no pueden ni ver un kiwi. También recibimos un consejo de Julia, que podría ganar el premio al mejor consejo de todos. “Si te llegas a encontrar cara a cara con un tiburón”, nos dijo, “le haces cosquillitas en la barbilla y se irá”. Creo que incluso nos hizo la mímica con la adecuada ejecución del “tiqui-tiqui-tiqui” en la quijada del escualo.  Ahora si me sentiré seguro en el agua.
  • También fuimos a un café de Siberian Huskies. Interesante concepto, chequeen las fotos.

 

 

…y para el momento musical, volvemos al barrio chino:

– no cabía un alfiler en las tribunas –

En Kuala Lumpur:

  • Nos gustó mucho Kuala Lumpur (KL, para los amigos). Vinimos preparados como para una segunda Yakarta, pero lo que nos encontramos estuvo más cerca de ser un segundo Singapur (guardando las distancias). Linda ciudad, grande pero caminable (el centro, al menos), fácil transporte público -incluso algunas líneas gratuitas-, buena comida y buena movida nocturna. Muy bueno.
  • Las Torres Petronas… aquí me tengo que detener un rato. A muchos les parecerá de lo más tonto, pero para mí “Petronas” siempre fue un adjetivo. Así como Las Torras Gemelas, estas eran Las Torres Petronas, porque son 2 …pero bien podría haber sido una sola “Torre Petrona” o incluso “El Torreón Petrón” (con todo y rima, miren que lindo). Pero no!  Petronas es la compañía nacional de Petróleo (daaah!). Así que, ninguna relación con Petra -en Jordania- ni con mi amigo el Pietro Lucioni.  Vamos, no será el mayor descubrimiento de la vida, pero se me ocurrió compartirlo de todas formas.  Eso sí, impresionantes de ver, las torres. Igual me gustaban más con Catherine Zeta-Jones en “Entrapment”.

 

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–  ven a qué me refiero? –
  • Luego de haber amenazado con hacerlo en Indonesia, luego en Singapur y luego al llegar a Malasia…finalmente probamos Durian.  Antes de este viaje no tenía ni la más remota idea de lo que era el Durian. “La reina de las frutas”, lo llaman aquí. La gente va a sitios donde lo único que venden es Durian (bastante caro, por cierto), para tener banquetes “durianeros”. Al mismo tiempo, muchos lugares lo prohíben en sus instalaciones, por su fétido olor, mezcla de ajo con cebolla, queso roquefort y pezuña de maratonista.
  • En todo caso, en KL nos encontramos con  un antiguo amigo/colega y su linda familia. Ellos son de Malasia. Pasamos una buena tarde visitando unas cuevas y luego cenando comida india servida en hojas de plátano. Cerramos con unos vinitos. Pero luego mi amigo Ken decidió ir en búsqueda de un lugar de venta de Durian que estuviera abierto a esa hora…  quería vernos la cara al probarlo. Encontramos uno que se veía bastante profesional.  Resumiendo, ni Sandra ni yo pudimos ir más allá del segundo bocado. Es un gusto adquirido, que nosotros claramente estamos lejos de adquirir (y de querer hacerlo). Ken y su esposa Chelsea tuvieron que comerse el 98% restante (que créanme, era un MONTON de Durian, gusto adquirido o no). No nos verán comiendo Durian de nuevo por un buen tiempo -y algo me dice que tampoco a Ken ni a Chelsea-.

 

– así es como se prepara la cata del Durian –

 

 

Con ello, nuestros días en Malasia llegaron a su fin. 34 noches en 9 camas diferentes. Me hubiera gustado tener más tiempo para ir a Borneo. Para la próxima, ojalá y antes que se convierta todo en una gran plantación de Palma Aceitera, como teme la gente podría suceder.

Interesante, que sin querer queriendo hemos tenido una continuidad en el viaje a través de Indonesia, Singapur y Malasia, no solo por la historia que comparten los tres, sino porque aún tienen el mismo “Bahasa” (idioma) local. No es 100% igual, pero tienen mucho en común…todas las salidas son “Keluar”, todas las entradas son “Mesuk”, todas las calles son “Jalan”, todo lo prohibido es “Dilarang”, todos aprecian cuando les agradeces con un “Terima Kasih” y para los tres, “Merdeka” significa la independencia de sus colonizadores europeos. Por cierto, coincidentemente estuvimos en los tres países en -o muy cerca de- el día de su Independencia, así que nos tocó ver banderas por todos lados. Muy pintoresco.

Por ahora, y luego de 101 días desde que dejamos Amsterdam, toca mudarse de continente. Nos vamos a buscar canguros.

 

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– 10 puntos si encuentran a Sandra –

Lo terminé de escribir en Cairns – Australia, el 20 de Setiembre del 2017…

… esto es exactamente un mes después de que mi querida prima Úrsula falleció, allá en Perú. Ese día estábamos en Penang. Es una sensación extraña, estar tan lejos de la familia cuando cosas así suceden. También se siente extraño saber que, pese a la tristeza y el luto, la función debe continuar. No dudo que ella, desde donde esté, nos está alentando a seguir con la misma alegría con la que empezamos. Descansa en paz, Uchumayo.


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