Java… otra isla u otro país?

Aclaración previa: …con este post le ponemos fin al capítulo de Indonesia, así que promete ser un poco largo, con texto, fotos y un par de videos… con confianza recórranlo a paso veloz, que no habrá test de comprensión de lectura al final.

El recuerdo más antiguo que tengo del nombre “Java” es de mi papá, hace mil años, diciendo en una voz grave, dragonesca, “Krakatoaaa, al este de Javaa!”, refiriéndose a la película del 69 sobre la terrible erupción de 1883.  Bueno, resulta que el famoso volcán en realidad esta al OESTE de Java.  Digo nomás.

Java, Java… cruzamos la isla de este a oeste (nos saltamos solo la parte más oriental), y tengo que decir que estamos un tanto decepcionados. Ya sabíamos que sería diferente, con menos playa y más urbe, y que el cambio de religión dominante le daría otra personalidad. Sin embargo, la medida en que tuvimos que lidiar con tráfico, smog y calles no aptas para peatones no llegó a ser compensada por los relativamente escasos puntos de atracción.  Las principales excepciones fueron la cuidad de Yogyakarta, algo de la naturaleza que vimos en la zona del volcán Bromo y la gente tan simpática que conocimos en el proceso.

Es fácil entender por qué la gente que viene a Indonesia con tiempo limitado muchas veces hace un salto con garrocha sobre Java.  Nosotros pasamos una buena cantidad de horas haciendo cosas “normales”, como ir al gimnasio, al cine o incluso a los centros comerciales – la mejor manera de escapar del smog-.

Por cierto, recuerdan que comenté que el vino era caro y difícil de encontrar en Bali? …  Bueno, retiro lo dicho. En Java es prácticamente inexistente y si tienes suerte de encontrarlo, cuesta el doble que en Bali.

Indo-pensamientos finales

Este primer país -y los dos primeros meses de travesía- nos dejan con unas cuantas lecciones aprendidas. Algunas simples, que nos ayudarán a hacer lo que viene más llevadero, otras más profundas, que sin duda nos han cambiado ya un poco, para el largo plazo.

Un ejemplo práctico?  Siempre chequear las facturas!…. especialmente si están escritas a mano, pero incluso si vienen impresas.  Ya perdí la cuenta de cuántas veces los números misteriosamente no sumaban o los precios eran diferentes a los del menú.  “oh, míster, es que el menú es antiguo”.  Casualmente, la diferencia nunca fue en nuestro favor.

Un ejemplo un poco más filosófico?  No-juzgar! Yo llegué a Indonesia con mi mejor guardia estilo Muay-Thai en alto, convencido de que todos querían aprovecharse de uno, robarse nuestros humildes Euritos, por el solo hecho de ser turistas. Hay gente que sí, por supuesto, y hay que andar con cautela (leer el párrafo anterior… y ya escribí antes sobre precios hiper-inflados o hechos a medida del comprador), pero no se puede generalizar.  Estábamos un día caminando por la playa de Seminyak en Bali, cuando se nos acercó una vendedora de pareos. Cuando vio que estábamos mirando hacia un poco más allá, donde había unas sillas de playa o “tumbonas” junto a un “Warung” (restaurante local), rápidamente cambió el discurso, de “quiere bonito pareo?”  a “quiere alquilar tumbona?… buen precio para usted, pero me tiene que pagar por adelantado!” Sí claro, cómo no. Básicamente ignoré a la señora y me fui directo a las tumbonas. Es más, le advertí a otros turistas, claramente menos avispados que yo, que no le dieran plata a la susodicha, pues las tumbonas eran del Warung y más que fijo serían gratis si consumían algo allí. Bueno, esa era mi teoría… solo haría falta confirmarla con uno de los mozos del Warung, quien luego sin duda echaría a la vendedora de esa parte de la playa, y yo miraría de reojo, riendo para adentro, triunfante.   Bueno, la señora no solo era la dueña de las tumbonas, sino del Warung entero (en Condorito, sería un buen momento para un “Plop!”).  No me quedó otra que ofrecerle mis más sinceras disculpas a la señora quien, como buena hindú, creyente en el karma, las aceptó sin aparente resentimiento. Luego almorzamos copiosamente en su Warung… y pagamos aparte por las tumbonas. Lección aprendida.

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– Sip, ella era la dueña de todo…y al parecer vendía pareos en su tiempo libre –

Nos tomó un tiempo entender un poco mejor la idiosincrasia de la gente indonesia. No les gusta el conflicto y no dicen fácilmente “no”. Eso no significa que cumplirán lo acordado. Incluso si no entendieron lo que querías, por lo general dirán que sí. “Hoy quisiera huevos fritos, por favor.”  “Cómo no, señor”. – 3 minutos después- “Aquí tiene su omelet, señor”.  Otro día: “Tendrá leche de soya?” “Sí claro, señora!”. “Ok, quisiera un Latte, pero por favor con leche de Soya.” “Claro!”. Y ahí la ves, abriendo alegremente el cartón de leche de vaca”. Y así.

Con ello, 57 noches luego de aterrizar en Bali, habiendo dormido en 17 camas diferentes, desde gratis hasta por 37 euros la noche, y luego de 2500 fotos con gente local -en las cuales no éramos más que el objeto decorativo- le decimos adiós a estas tierras de contrastes, de impresionante naturaleza, de muchos Dioses, de calles sin veredas, de extra azúcar en todo y de gente muy simpática que no dice “no”.

Volveremos?  Quién sabe. Tal vez a alguno de los lugares de Bali, Lombok o a Yogyakarta -no apostaría mucho dinero a que volveremos al resto de Java- o a las islas que nos faltó visitar. Muy probablemente con diferentes estándares, eso sí.  Sería interesante experimentarlo con el presupuesto de un turista convencional (léase un asalariado que viaja por dos semanas).

Siguiente parada, Singapur. Todos dicen que será bastante diferente. Ya veremos.

Ahora, si quieren ver lo más resaltante de nuestro paso por Java, o simplemente chequear algunas fotos, sigan leyendo. 🙂

Java Oriental: Malang y Surakarta

Sabíamos que nos esperaban unas 20 horas de tren para cruzar toda la isla, así que decidimos ahorrar un poco de tiempo al inicio y volamos desde Bali.  Malang fue nuestra base para trepar al volcán Bromo. Tuvimos unas vistas impresionantes de los volcanes y del “mar de arena”, pero no estoy muy seguro de que el tour para ver el amanecer haya valido la pena. Empezamos como a la 1am, uniéndonos a la caravana de “jeeps” Toyota Land Cruiser más grande que debe existir. Debe ser una especie de récord. Todo bien, pero la espera del amanecer fue con un gentío que te hacía sentir más en un concierto -gritándole a los de adelante que se sienten- que en la cima de una montaña. Vean las fotos o el video aquí debajo.

– cráter fumeta–

Los otros sitios interesantes en Malang fueron los “barrios coloridos” de Kampung Warna Warni y Kampung 3D – inteligentísima iniciativa del gobierno para reflotar viejas y peligrosas barreadas y crear una atracción turística en el proceso-  y el museo Angkut en Batu (a unos 20km de Malang). Fue totalmente inesperado, encontrarse con tamaña colección de autos clásicos y con una ejecución que podría tranquilamente estar en Orlando-Florida y no en Batu-Malang. Vean las fotos y multipliquen por 50 la cantidad de autos que ven, para que se hagan una idea de la escala. Impresionante.

Luego vino Surakarta, más conocida como Solo. Es uno de los centros de “batik” en Java. Estuvo interesante aprender sobre la tradición y técnicas batik. Fuera de ello, visitamos dos palacios reales nada majestuosos (hay dos reyes en Solo, aunque sus reinos no van más allá de los muros de sus palacios) y una obra de teatro de Wayang-Orang (marionetas humanas), con orquesta gamelan -así se llama- en vivo e interminables diálogos en indonesio. Una señora en la fila de atrás empezó a roncar luego del 6to acto (o fue el 7mo?).

– marionetas humanas y orquesta gamelan en vivo… les ahorro los diálogos –

Para mí, lo más resaltante de Solo fue el portero de aquel hotel -andábamos buscando vino, de allí que entrásemos a un hotel con portero- que, con la mejor intención de lucir sus conocimientos de inglés, nos saludó -a las 2 de la tarde- con una amplia sonrisa y un “hello, goor evering, congraturations” (algo así como “hola, buenanoche, felicitacione”). Maestro.

Ahora las fotos (ya sé que son muchas… me costó mucho filtrar, lo siento).

Java Central: Yogyakarta

Todos le dicen Jogja que, por cierto, fue el nombre del proyecto -y subsecuente efímera empresa- con el que 4 valientes colegas y yo ganamos el tercer puesto del concurso de emprendimiento “Venture Lab” en Madrid, allá en el 2010. Buenos recuerdos. Podríamos ser billonarios, de no haber decidido los 5 volver a nuestras vidas “normales” poco después (léase, de no habernos faltado agallas).

Jogja fue por lejos nuestra ciudad favorita en Java. Pasamos 9 noches en la casa de una pareja portuguesa-checa, que encontramos por Airbnb. Muy buenas personas. Compartimos buenas charlas, buena comida y hasta buen vino -de mercado negro, despachado a la puerta en bolsa de plástico oscura-.  También conocimos gente local de Coachsurfing. Una de ellas es ahora la más simpática e inteligente mujer musulmana que conozco.  Ojalá no se haya ofendido con las preguntas que le hice -sobre prácticas religiosas y eso-. Ojalá también que esté en los planes de la vida que nos volvamos a encontrar.

En Jogja estuvimos de lo más activos… tuvimos taller de platería, clases de cocina, vimos un amanecer más desde las montañas -cómo les encanta a los indonesios-, vimos ballet tradicional y visitamos unos templos ancestrales impresionantes y hasta una iglesia en forma de gallina gigante (gracias a los geniales tips de nuestra anfitriona Zuzana!). También comí carne de cobra (al menos eso es lo que decía el menú).

Java Occidental: Bandung y Yakarta 

Para entonces ya deberíamos haber aprendido: incluso si el mapa dice que solo son 10 cuadras de la estación al hotel, toma un taxi! Hace un calor de locos y las calles no necesariamente tendrán veredas o cruces peatonales.  Necios, caminamos igual. Sudando y maldiciendo.

Escogimos Bandung solo para tener una parada antes de Yakarta. Además de buscar comida saludable en uno de los varios mega-centros comerciales, lo único resaltante fue la visita a “Saung Angklung Udjo”. Angklung es un antiguo instrumento musical hecho de bambú. En Udjo puedes escuchar música tradicional, clásica y moderna, tocada con Angklung, pero también puedes tocarlo, hacienda música junto con toda la audiencia. El flaco que nos dirigía era una máquina. Estuvo bueno.

– una pequeña muestra … este fue solo el calentamiento –

… y luego nuestra parada final… la gran Yakarta. Todos y cada uno de los turistas que nos cruzamos hasta ese día, nos había dicho que no les había gustado Yakarta. Tomamos medidas precautorias y separamos un hotel con gimnasio y piscina, hasta ahora el más caro en nuestra lista. Fue una buena decisión. Yakarta pertenece a otra categoría de ciudad. Es gigante, tiene áreas super modernas y una silueta (nunca sé cómo decir “skyline” en castellano…) que podrías ver en cualquier metrópolis de Occidente. Pero bájate del rascacielos y sal del mega-mall y te verás envuelto en smog, tráfico y unas cuantas atracciones que, a nuestro humilde entender, no justifican una visita a menos que vivas a 30 minutos o menos.

Fuimos al zoológico, aprendimos un poco más de todo lo que los holandeses hicieron en -y con- estas tierras e incrementamos nuestro gasto diario promedio a punta de comida sana y vino. Y con ello cerramos el capítulo indonesio.

 

Gracias a los que llegaron hasta aquí! (no cuenta si es que se saltaron todo lo anterior y están leyendo esta línea de pura casualidad).  Ahora toca esperar la historia de Singapur, que esperemos llegue pronto.

 

Terminé de escribir esto en Langkawi-Malasia, el 13 de Agosto de 2017 (sigo poniéndome al día!)


 

 

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